Después de días de estar entre idas y venidas del hospital, estuve asistiendo a las inmediaciones del aeropuerto, siempre acompañado de mi fiel compañero (jajajaja): mi morral de instrumentos. Por fin es domingo, pero no será un día para descansar porque tengo un llamado como donante; faltaban unidades de sangre y había heridos que lo requerían. Bueno, toca hacerlo. Regresé a casa un poco débil, pero ya me repondré. Por la tarde me toca un relax... fue un domingo inigualable, la pasé lindo con mi enamorada. A descansar para reponer fuerzas, sin presagiar lo que se venía.
Lunes, un día más. Hoy, 09 de enero, Juliaca amaneció con una tristeza inexplicable. ¡Debería ser un día trajinado como cualquier otro, pero no lo es! Juliaca luce triste y bulliciosa, como presagiando los días lúgubres, llenos de dolor y sangre. Toda una vida apagada y taciturna se viene para mi madre. ¡Una sola decisión pudo haber cambiado el rumbo de mi vida! ¡La de ella! ¡Mi madre! Pero no lo hice, ¡no pude!
Tuve que hacerlo, era mi deber. Mi compromiso y amor al prójimo fue más grande que mis miedos. Hoy se grabará por toda la existencia en el rostro de mi madre una eterna tristeza, y un mar de lágrimas quedará impregnado en su ya cansado rostro. ¡Perdón, mamá!
Mi nombre es Marco Antonio Samillán Sanga . Fui un joven muy entusiasta, alegre y con un gran ímpetu; el séptimo de nueve hermanos, con una pasión indescriptible hacia mi profesión. Estudié Biología y Medicina Humana, carreras que me apasionaban. Me esforcé mucho para poder empezar mis estudios; fue duro, pero lo logré. Tenía muchos planes. Logré lo que tanto había soñado: me gradué de biólogo. Ahora venía lo que más anhelaba, ser ese médico que me prometí ser... pero la promesa más próxima era un viaje con mis mejores amigos para, ¡por fin!, celebrar nuestros logros alcanzados. Teníamos el ímpetu y las ganas de todo profesional joven; nos comeríamos al mundo. En nuestro recorrido, por donde nos llevara el destino, el comienzo sería duro pero no imposible. En el trajín de la profesión nos esforzaríamos... lo prometimos. Seguramente habría muchas personas que necesitarían de una mano amiga, de jóvenes con vocación firmes para estar para ellos. Así debería ser la formación de todo personal de salud: con esa empatía y amor a su prójimo.
¡Lo sé! No sería fácil, pero éramos nosotros y ya habíamos vencido lo más importante: culminar nuestras metas. Ahora venía el resto, realizarnos como profesionales. Lo haremos, amigos míos. Y sí... compraremos ese móvil y recorreremos muchos lugares recónditos para poder brindar esa ayuda que prometimos, ¿lo recuerdan?
Muy temprano empecé con mis labores cotidianas, después de los días anteriores en los que estuve acudiendo a prestar asistencia y ayuda en las movilizaciones. Al brindar apoyo conocí a muchos jóvenes del personal de salud; todos nos juntamos y decidimos unir fuerzas. Había mucho trabajo por realizar.
Muchas personas... ¡algunos no deberían estar ahí! Porque vi mujeres, padres, jóvenes; luchando seguramente por sus derechos, ¡quizás por mucho tiempo de no ser escuchados! Pero no debieron quizás, estar ahí. ¡Tal vez suene cobarde, pero no debieron estar ahí! Quién no quisiera un Perú mejor, más aún los relegados, los olvidados... ¡un mundo mejor para sus hijos! Pero hoy fue diferente.
¡Había mucha sangre, mucho dolor! Mis lágrimas no paraban, mis fuerzas se agotaban. Nunca imaginé ver esta terrible realidad. ¡Pero me necesitan, mamá! Prometí acudir y ayudar cada día de mi formación a todo el que lo necesitara. Ahora estoy aquí; hay mucha gente, pero no estoy solo, mamá. Hay muchos chicos, vi a un médico también, las manos sutiles de esas valientes enfermeras... jóvenes con esa vocación que nos une. ¡Sí podremos, mamá!
¡Salí a apoyar, mamá! Un llamado me informó que se necesitarían muchas manos. Fui a la zona de enfrentamiento porque ahí me necesitaban. Perdón por desobedecerte; había muchas personas que necesitaban atención. Me acordé de lo que me dijiste: me pediste que no me arriesgara mucho. Por eso estoy aquí cuidándome, no te preocupes mamá, no estoy solo.
Mucha gente está desubicada: jóvenes, mujeres, niños... están sangrando mucho. Hay gente herida, desvanecida; todo esto se sale de control. No puedo creerlo, ¡hay muertos! ¡Que alguien me diga qué es esto! ¿Qué pasa? ¿Por qué así? ¡Somos humanos! En este momento me sentí orgulloso de mí; hice una elección muy buena al estudiar lo que me apasiona y tu consejo fue correcto.
¡Nunca podría imaginar lo que me esperaba, mamá! Algo pasó... ¡No es cierto!
Ahora estoy tendido en el piso. Algo me golpeó duro por la espalda , siento mucho dolor en mi pecho. No puedo moverme; por más que lo intento, no puedo. Mi cuerpo no me responde. Lo siento, mamá. Veo policías, muchos; quizás me ayuden. No, ¡no lo harán! Los oí y uno le dice a su compañero: "Está muerto, déjalo ahí".
Todavía puedo ver correr a mucha gente asustada, pero no puedo moverme. Cada vez estoy más débil. Oigo voces, llantos, balas, ruidos... esos que solía oír en las películas. Dime que es un sueño, madre mía. Intento pararme y huir también de este lugar. Ya no me gusta, ya no quiero estar aquí, mamá, ¡pero no puedo! Estoy tirado como algo que no sirve, así me siento, ¡sin poder moverme! Está todo oscuro... tengo que vivir, todavía no hice muchas cosas. Lo haré, madre mía... hasta que por fin veo una luz. Unas personas me están levantando. Yo lo intenté, mamá, pero no pude. No tengo fuerzas, cada vez estoy más débil.
Mamá... ¿dónde estás? Ahora me arrepiento de no haber oído tus consejos. Tu voz parece tan distante... Mi sangre está derramada por todos lados y estoy intentando con todas mis fuerzas no llorar. Puedo oír la sirena de la ambulancia. Todos gritan y escucho aún a algunos compañeros decir lo que yo solía decir: "Tranquilo, todo estará bien, estarás bien".
¡Son momentos donde imploré piedad! No quiero irme, solo quiero ver el rostro de mi madre una vez más. ¡Piedad! Dios, perdón, pero todavía quiero estar aquí. No es tiempo. ¡Piedad! ¡Perdón! ¡Dame una última oportunidad! Sé que cometí muchos errores, ¡pero te pido perdón, Dios!
En mi mente estaba aquel joven herido, fue su última mirada de agradecimiento la que recibí. Quizás solo fue de paso, quizás fue con alguien... yo lo vi tirado, necesitaba de mí. Por eso volví, mamá. Perdón, yo estaba retornando a casa porque sabía que era peligroso estar ahí... pero lo vi a él... y volví. Me dije a mí mismo que sería el último. Perdón, mamá. Me dispararon, no vi; fue por la espalda. ¡Lo siento, mamá, debí hacerte caso!
¿Por qué las personas hacen esto, mamá, sabiendo que van a arruinar vidas?
El dolor me está cortando como un centenar de cuchillos afilados. Ya se terminó... ¡lo siento mucho! Ya no duele. Siento mi cuerpo más ligero. Volví a mi segundo hogar, allí donde solía pasar mis guardias. Recuerdo que ahí conocí a muchos amigos; también solíamos hablar de lo que haríamos. Recuerdo que a veces desayunábamos en lugares inimaginables, "la morgue", por ejemplo. Entre risas nos contábamos anécdotas de la carrera y de la universidad. Fue maravilloso compartir esos momentos. Volví, pero no quise que fuera así. Estoy sin poder moverme. Todavía sigo luchando, oigo que entraré a cirugía. ¡Lo lograré, madre mía!
...Lo lamento, ya no los oigo. Ya no pude. Perdón, madre mía, perdón. Dile a mis hermanos que los quiero mucho. Perdón por no obedecerte, mamá. Sean fuertes. Los quiero tanto que me gustaría que me dieran un último beso.
Tal vez si existiera un poco de humanidad, yo ahora estaría vivo; muchos lo estarían. Mi respiración se está debilitando, mamá, y tengo mucho miedo... Sé que son mis últimos momentos y me siento tan desesperado. Me gustaría que me pudieras abrazar, mamá.
Me gustaría poder decirte que te quiero, mamá... no siento mi cuerpo, no puedo más. Mamá, te quiero... Adiós, los amo mucho. Pero me voy sabiendo que él está bien, ¡estará bien! Yo lo atendí. ¡Dile a su mamá que lo cuide! Es muy chico, que no vuelva a salir así, ¡y que obedezca a su mamá!
Con mi infinito amor para Marcó Antonio Samillan SANGA , médico voluntario asesinado el 09/01/2023 Juliaca/Puno en el Gobierno de Dina Baluarte.
Te espero, cada día hasta nuestro próximo encuentro; no volveré a soltar tu mano. Perdón por no cuidarte como te lo merecías.
Tu hermana.